Traducido por Adrian Montoya

 

(Dhamma Dana Series: #4: California Buddhist Vihara Society - 1990)

 

 

Practicar Budismo y ser un Budista son dos cosas diferentes. Puede que no seas un Budista pero aún así puedes practicar Budismo. Por otra parte, puede que seas un Budista pero no practicar Budismo. Muy diferente de ambos, practicar y ser, es convertirse en Budista.

 

En un extremo están los Occidentales que experimentan con la práctica Budista, pero no se vuelven Budistas. Se pierden el completo beneficio de la práctica. En el otro extremo están los Orientales, nacidos en países Budistas y criados en culturas Budistas, que se llaman a sí mismos Budistas, pero no practican Budismo. Obtienen muy poco beneficio, si es que alguno, del Budismo. Hay un tercer grupo intermedio de personas, sin embargo, que evita ambos extremos; esto es, aquellos que se convierten en Budistas. Ellos son los que se benefician realmente de la enseñanza del Buda.

 

Aquellos que se llaman a sí mismos Budistas solo porque han nacido en una familia Budista o porque practican algunos rituales, están equivocados. Uno no se convierte en Budista por nacimiento, por práctica, o incluso por iniciación. Uno se convierte en Budista por lo que uno es. Los Budistas de nacimiento tanto como los no-Budistas, practicantes de Budismo u otros, pueden convertirse en Budistas si quieren y saben cómo. Para hacerlo, uno debe entender lo que uno es.

 

 

Estructura del Carácter

 

Lo que uno es, es la propia estructura del carácter, que consiste de la propia filosofía de vida, hacia donde uno apunta, lo que uno habla habitualmente, lo que uno hace habitualmente, y cómo vive su vida habitualmente. Los hábitos son tendencias de comportamiento que son perpetuados por la práctica; Práctica significa repetición. Lo que uno repite habitualmente, uno se convierte en eso. Uno repite, sin embargo, sólo lo que uno quiere ser. Uno es lo que uno desea ser. Lo que uno desea ser depende del propio sentido de los valores, que a su vez depende de la propia filosofía de vida.

 

El carácter de un individuo es un todo funcional que está organizado para alcanzar una meta propuesta. Cada hábito de pensamiento, habla, y acción es una parte integral de este todo funcional, que es necesario para alcanzar esta meta.

 

La meta, sin embargo, es siempre una personalidad. Es algún yo que uno desea ser. Para ser más preciso, la meta es una imagen visualizada de la persona que uno quiere llegar a ser.

 

Esta persona que uno quiere llegar a ser es siempre una persona que uno considera superior de alguna forma. Uno siempre quiere moverse de un estado de inferioridad a un estado de superioridad de alguna forma. La propia meta tiende a ser lo que uno percibe que falta en uno. Lo que es percibido como superior depende del propio sentido de valores. Estos valores, nuevamente, dependen de la propia filosofía de vida.

 

Si queremos cambiar nuestros hábitos, podemos hacerlo sólo convirtiéndonos en una persona diferente: mediante un renacer – lo que significa que tenemos que cambiar nuestra filosofía de vida. Debemos cambiar nuestra meta en la vida, lo que será seguido por una completa reorganización de nuestro pensamiento, habla, acción, y vida  para alcanzar una meta distinta. Esto significa, que tendremos una nueva forma de pensar, una nueva forma de sentir y una nueva forma de hablar, actuar, y vivir. Entonces los viejos hábitos serán desechados y nuevos hábitos serán formados. Los hábitos aislados no pueden ser eliminados debido a que son partes esenciales de la propia estructura del carácter organizada para alcanzar una meta deseada. Es sólo mediante una transformación del carácter que uno puede cambiar los propios hábitos. Esta es la razón por los muchos fracasos en los intentos de superar hábitos como el comer, beber, fumar, etc.

 

 

Estructura del Carácter Budista

 

Muchos de los conceptos anteriores son aceptados por los sicólogos modernos, especialmente los Adlerianos y Comportacionistas (Behaviourists) y en la psico-cibernética moderna. Pero más de veinticinco siglos atrás, el Insuperable Entrenador de la Personalidad (anuttaro purisadamma sarati),  el Buda, el Despierto, formuló un sistema de transformación del carácter basado en estos principios. Cuando uno examina este sistema con cuidado, uno se da cuenta que el Budismo es un sistema de crecimiento personal y transformación interior. Este sistema se llama la Sublime Vía Óctuple.

 

La Sublime Vía Óctuple (comúnmente traducida como el Noble Camino Óctuple)  se expone como sigue:

 

1. Perspectiva Armoniosa

2. Aspiración Armoniosa

3. Habla Armoniosa

4. Acción Armoniosa

5. Estilo de Vida Armonioso

6. Práctica Armoniosa

7. Atención Armoniosa

8. Equilibrio Armonioso

 

Esta Sublime Vía Óctuple no es un set de mandamientos o reglas de vida como algunos puede que la describan. Es una descripción de la estructura del carácter de un verdadero Budista. Uno debe adquirir esta estructura de carácter para convertirse en Budista.

 

Un cambio en el carácter es rara vez un cambio repentino, aunque a veces puede parecer serlo. Luego de un largo período de esfuerzo por comprender, la perspectiva armoniosa puede uno comenzar a comprender cuando las piezas del rompecabezas de repente calzan en su lugar. Cuando la perspectiva armoniosa aparece, el resto de la estructura cabe a lugar. La vida del individuo se reorienta y reorganiza para alcanzar la muy especial meta de calma interna llamada Nibbana.

 

Conflictos Internos y Externos

 

La Perspectiva Armoniosa es la perspectiva que no crea conflicto alguno dentro o fuera. Conflicto dentro es el conflicto entre nuestros impulsos emocionales (asava) y nuestro sentido de bien y mal asociado con miedo y vergüenza (hiri-ottappa).  Conflicto fuera es el conflicto entre nuestros impulsos y la realidad externa, física y social.

 

Estos impulsos emocionales son básicamente de dos tipos: aquellos que buscan placer (loba) y aquellos que evitan el dolor (dosa). Estos dos tipos de impulsos emocionales representan los aspectos positivo y negativo de la búsqueda de placer (kama-sukhallikanu-yoga). Estos impulsos emocionales son además ciegos y nos ciegan a la realidad (moha). Estos tres nos conducen hacia la meta del placer y de buscar satisfacción inmediata.

 

Si las propias emociones buscadoras de placer son poderosas, uno puede convertirse en un criminal. Si, por otra parte, el propio miedo y lástima se vuelven poderosos uno tiene a inhibirse y a negarse el placer a través de una vida ascética (atta-kilamatanu-yoga). Si uno no puede resolver el conflicto de una forma o la otra, uno puede volverse neurótico o psicótico, arrancando de la realidad hacia un mundo de fantasía.

 

El conflicto fuera ocurre cuando la búsqueda de placer entra en conflicto con otras personas o el entorno físico mismo. No podemos siempre tener placer y no podemos siempre evitar el dolor. A veces nuestro regocijo en el placer puede herir a otros. A menudo las cosas no ocurren como queremos. Nuestros impulsos son ciegos y nuestra razón entra en conflicto con nuestros impulsos. El conflicto entre los impulsos y el entorno externo crea frustración, ansiedad, e infelicidad.

 

La búsqueda de placer también resulta en posesividad o personalización; nos agrada adueñarnos de nuestros placeres y hacerlos permanentes. Por medio de adueñarse o personalizar, construimos y expandimos un ‘yo’ y ‘personalidad’ o ‘ego’. Esta personalización está además acompañada por un deseo por la existencia permanente de lo que llamamos ‘nosotros’ o ‘lo nuestro’. Nos gusta que lo que personalizamos no envejezca  o muera. La juventud es placentera para nosotros, mientras que la vejez es no-placentera. La salud es placentera para nosotros, mientras que la enfermedad es no-placentera. La vida es placentera para nosotros, mientras que la muerte es no-placentera. Separarse de lo placentero y encontrar lo no-placentero es frustrante. No ser capaz de mantener las cosas como queremos es una frustración. La causa de este sufrimiento es sin dudas el deseo irrealista o impulsos emocionales que llevan a la personalización.

 

Es claro que el impulso ciego es el culpable. Es este impulso ciego el que choca con nuestro sentido de la bondad y con nuestra razón y realidad externa. Es sólo ganando control sobre estos impulsos que este conflicto puede ser resuelto. Algún método debía encontrarse para ganar control sobre este impulso sin crear sufrimiento en el proceso.

 

 

El Valor de la Calma

 

 Este importantísimo método fue descubierto por el Buda hace veinticinco siglos. Este método es unificar la personalidad reorganizándola para alcanzar una meta armoniosa que no entre en conflicto con la realidad. Esto es buscar la nueva y especial meta – la meta de la calma interior (ajjhatta santi). Para lograr la calma interior, uno debe darse cuenta que la clama es bondad, felicidad, y realismo.

 

Debe notarse que la excitación emocional, que es acompañada por tensión, no es un estado de confort o placer. Es solo la liberación de tensión, o el estado de relajación, lo que es placentero. Satisfacer el deseo es placentero solo por la liberación de tensión. La presencia de deseo, por otra parte, es no-placentera porque está acompañada por tensión. Es el deshacerse de esta incomodidad de la tensión, y obtener el confort de la relajación por lo que buscamos la satisfacción de los deseos. Alcanzando calma y relajación interior, la meta de experimentar placer y felicidad es lograda sin antes experimentar tensión.

 

La calma es además la vía a la bondad. El impulso emocional que entra en conflicto con la sociedad y los buenos principios es maldad. La calma de estos impulsos es, por lo tanto, bondad. Esto significa que el propósito de nuestro sentido de bondad es también logrado buscando la calma. Debido a que el impulso emocional entra en conflicto con la realidad, le sigue que la clama nos pone en armonía con la realidad. El propósito de nuestro pensamiento racional es estar en armonía con la realidad. La armonía con la realidad externa, así como la armonía con nuestra razón, es lograda a través de la cultivación de la calma interna.

 

De esta manera, la personalidad completa es llevada a la armonía interna y exteriormente por medio de la búsqueda de  calma. Comprender el problema de la vida y la existencia y la importancia de buscar calma, es obtener perspectiva armoniosa. Cuando esta perspectiva especial es obtenida, el correcto sentido de valores es adquirido. Esto entrega una nueva dirección a la vida. Entonces nuestra vida es reorganizada para alcanzar una meta diferente. De esta manera una transformación de la personalidad toma lugar; el carácter del individuo cambia; y la salud mental y felicidad es lograda.

 

El propósito del Budismo es transformar la personalidad en esta manera. Esta transformación es además un proceso de crecimiento. Es por es que el Budismo es también una técnica de crecimiento. El crecimiento toma lugar en cuatro etapas: devoción (saddha), disciplina (sila), desapego (caga), y despersonalización (panna). Cuando hablamos de la práctica del Budismo, es necesario hablar de estas etapas de crecimiento. Cada individuo practica a su propio nivel.

 

Cuando uno ha adquirido la perspectiva armoniosa, uno tiene saddha. Saddha representa nuestro sentido de valores. Es la apreciación de la calma, que es bondad, felicidad, y realismo.

 

Apreciar es valorar, estimar, mantener en alta consideración o considerar superior. Cuando uno aprecia la calma, uno aprecia al Buda, al Despierto; al Dhamma, la Experiencia del Despierto, y la Sangha, la Sociedad de seguidores del Despierto. Esta tríada (Buddha, Dhamma, Sangha) se llama la “Triple Joya” (ratanattaya),  porque una joya representa valor. Los Budistas consideran esta tríada como lo más grandioso en el mundo. Le llaman también el “Triple Refugio” (tisarana)  porque es el refugio del Budista en este mundo de sufrimiento.

 

Prácticas Devocionales Budistas

 

Las prácticas devocionales en Budismo son ejercicios que desarrollan el aprecio (saddha). Los Budistas no oran al Buda sino veneran al Buda. La oración es adoración, confesión, súplica o agradecimiento. Venerar, por otra parte, es mostrar gran respeto, reverencia, o admiración; es estimar altamente o tener en gran consideración. Para los Budistas, es reconocer la grandeza o superioridad del Buda. Esta veneración es un ejercicio psicológico para desarrollar saddha (aprecio), el sentido de valores Budista que da nueva dirección a la vida.

 

La veneración Budista no es, como algunas personas pueden pensar, un ritual sin significado practicado por individuos poco-intelectuales. Puede convertirse en eso, sin embargo, si se hace sin entender. El propósito de la veneración Budista es ponerse en movimiento hacia la dirección correcta. Es una reorientación. Es un tipo de meditación o un ejercicio psicológico. La idea es que nos movemos en la dirección de lo que consideramos superior y que vale la pena. La veneración nos recuerda el sentido de valores Budista – nos convertimos en lo que veneramos.

 

La veneración Budista consiste en reverencias, ofrendas, recitaciones, meditaciones en silencio, compartir méritos, y aspiración, cada una de las cuales tiene un muy importante significado psicológico y propósito.

 

La reverencia es una práctica importante que arranca al iniciado en la dirección correcta. Es el reconocimiento de la grandeza del Buda y la admisión de la propia insuficiencia en comparación al Buda. Es decir, en efecto, “Gran señor, reconozco tu grandeza en comparación a mi.” Esto es hacerse humilde ante el Buda. Hace al individuo conciente de su posición en la escala del progreso. La reverencia, o postración, es una admisión  conciente de la propia inferioridad ante la posición superior del Buda. Cultiva un sentimiento de humildad saludable, muy diferente a un mórbido complejo de inferioridad.

 

Este reconocimiento de la propia insuficiencia incentiva a uno hacia un estado superior. Los budistas no se ven a sí mismos como pecadores y desamparados cobardes ante un ser superior, todo poderoso, y supernatural que nunca puede ser igualado por nadie. Creen que todos pueden alcanzar el estado de perfección alcanzado por el Buda. Este ejercicio de reverencia es sólo un método de programación de la mente para alcanzar la meta de la perfección. Nos recuerda nuestra meta y la necesidad de perseguirla. Nos ayuda a visualizar la meta con respeto y aprecio. La teoría de la psico-cibernética moderna, que compara la mente humana con una máquina automática busca-metas, es una descripción muy precisa de cómo funciona la práctica Budista. La veneración Budista es una forma de veneración a un héroe. Si veneramos a aquellos que consideramos que son héroes, gradualmente nos volvemos como ellos; si veneramos (respetamos y admiramos) criminales, nos volvemos criminales; si veneramos santos, por otro lado, tendemos a volvernos santos. El principio básico es que nos convertimos en lo que veneramos. Nos convertimos en el ideal que veneramos. Los Budistas no son veneradores de un ídolo, sino veneradores de un ideal.

 

La reverencia es la expresión física de saddha, el estado mental de aprecio reverencial del Buda. Fue William James quien dijo, “La acción parece seguir al sentimiento, pero en realidad acción y sentimiento van juntos; y regulando la acción, que está bajo el control más directo de la voluntad, podemos regular indirectamente el sentimiento, que no lo está.” Si entendemos este principio psicológico, entendemos cómo la reverencia puede ayudar a cultivar saddha en nuestro interior. Por medio del acto exterior de saddha en la reverencia, producimos el sentimiento de saddha en nuestro interior. Este saddha es lo que inicia el movimiento hacia nuestra meta.

 

Todas las otras partes de la veneración, tal como las ofrendas, recitaciones y meditación, ayudan a cultivar saddha: La ofrenda de luz, que simboliza sabiduría, es una forma de honorar la iluminación del Buda. La ofrenda de incienso, que simboliza virtud, es el honor de las virtudes del Buda. Las flores representan los placeres del mundo, que son pasajeros, su ofrenda representa el sacrificio de la mundanalidad a favor de la paz interna del Nibbana.

 

Ofrecer alimento simboliza nuestra gratitud al Buda por darnos sus enseñanzas, aún cuando lo que damos no vale ni una milésima parte de lo que el Buda nos dio.

 

Cuando nuestras vidas han sido reorientadas a través de la cultivación de saddha o el aprecio reverencial de la meta de la perfección de la naturaleza humana, nuestra habla, acción y estilo de vida se alinean con esta meta y nuestra vida comienza a moverse en dirección a esta meta. Cuando esto ocurre, nos hemos convertido en Budistas. Ahora vemos, cuán importante es cultivar saddha.

 

 

El Uso de Imágenes

 

Para posicionar el uso de imágenes en la veneración Budista es su apropiada perspectiva, debemos reconocer que las personas usan imágenes en sus vidas todo el tiempo, a veces para su desventaja, pero a menudo para su gran ventaja. Incluso aquellos que creen que pueden arreglárselas sin imágenes no pueden evitar ser influenciadas por ellas.

 

Es muy natural para los seres humanos de todas las culturas usar imágenes de varios tipos. ¿Por qué se construyen grandes monumentos nacionales y estatuas? ¿Por qué la gente paga miles de dólares por pinturas y esculturas? ¿Por qué la gente compra cámaras? Si las imágenes no tuvieran valor alguno, ¿sería la industria de las cámaras tan próspera hoy en día? Los Chinos dices, “Una imagen vale diez mil palabras.” Los publicistas modernos conocen este principio muy bien y lo usan a su ventaja. Los Budistas usan imágenes Budistas a su ventaja también.

 

Los Budistas no son tan ingenuos como para creer que las estatuas tienen vida en ellas. Sólo las usan como símbolos. Usan la imagen del Buda solo como una representación externa de una imagen mental interna. La imagen interna realza la imagen mental interna y el sentimiento asociado con ello. Las estatuas son un tipo de lenguaje no verbal, como la música, usada para expresar ciertas ideas. Puede ser valioso recordar que usamos símbolos verbales todo el tiempo cuando hablamos, escribimos e incluso pensamos.

 

 

Comportamiento Armonioso

 

Cuando uno se convierte en un Budista, el propio cambio en el habla, acción y estilo de vida se llama sila. Sila no es meramente auto-restricción o disciplina. No se necesita disciplina una vez que nuestra dirección en la visa ha sido cambiada. Vamos entonces en esa dirección porque queremos ir. Disciplina y restricción serían necesarias para detenernos de ir en esa dirección o para cambiar nuestros hábitos de comportamiento. Incluso esto no sería exitoso a menos que cambiáramos nuestra dirección nuevamente.

 

Un cambio de comportamiento impuesto en uno por un agente externo se llama silabbata-paramasa en Budismo. Este término Pali es comúnmente mal-traducido como “ritos y  rituales”. Sin embargo, sila significa “comportamiento”; bata significa “voto”: y parama significa “tomar como algo externo” (parato arnasati). Entonces silabbata-paramasa debiese ser traducido realmente como “comportamiento que es impuesto sobre uno”, no como “ritos y rituales”. Si consideramos el nuevo comportamiento como algo impuesto en nosotros desde afuera, y no como algo que es el resultado natural de nuestra cambiada perspectiva, sería silabbata-paramasa. Algunos ejemplos de esto serían: tratar de dejar de fumar porque las circunstancias nos obligan a hacerlo, o porque el doctor dijo que debe hacerse; tratar de seguir mandamientos o preceptos por miedo al castigo de un Dios airado, o porque el Buda dijo; o no beber alcohol porque el gobierno ha emitido una ley de prohibición. Este cambio de comportamiento impuesto externamente no es la meta de los Budistas.

 

Un Budista cree que todos los seres son básicamente buenos. “La mente, oh discípulos, es naturalmente pura. Se contamina debido a impurezas foráneas”. Un Budista iluminado nunca se consideraría a si mismo un “pecador”, produciendo así una mala auto-imagen, que le prevendría de buscar la pureza. En vez, se imaginaría a si mismo como una persona inherentemente buena y calmada que podría a veces temporalmente perder su equilibrio.

 

EL buen comportamiento es algo positivo; no es meramente un refreno del mal comportamiento. Significa interesarse en los demás. Es la habilidad de considerar a los demás como tan importantes como sí mismo. Es ser capaz de compartir cosas con otros y cuidar de otros. Es tratar a los otros como una madre trataría a su amado hijo. Es incluir a otros en el propio interés, sin excluir a ningún individuo porque él o ella sea “malo”. Es ser capaz de perdonar las faltas de los demás. Es ser capaz de tratar a todos por igual.

 

El buen comportamiento, en Budismo, está basado en un buen estado de mente. Por lo tanto es necesario cultivar una mente buena, que es una mente calmada. Así es como la meditación se presenta en Budismo. Meditación se convierte en una cosa natural cuando tu mente está orientada hacia la meta de la calma. La calma no es opuesta al interés por los demás. Es la mente calmada la que puede interesarse en los demás. La mente que no es calmada está auto-absorta y no es capaz de interesarse en los demás. El amor no-auto-céntrico no es excitación emocional, como algunos piensan que es. Todas las emociones son auto-céntricas. La no-auto-centricidad no puede por lo tanto ser una emoción. Puede solo ser vista como un estado de calma. Es por esto que la cultivación de la calma en meditación no puede convertir a una persona en apática. La calma puede solo resultar en empatía, la habilidad de entrar en los sentimientos de otra persona como si fuesen los propios. Eso es lo que hace buena a una persona.

 

La calma no es solo preocupación no-auto-céntrica por otros, es además desapego. El apego es auto-céntrico, y es una emoción. Este apego es lo que muchas personas llaman amor. Este tipo de amor desaparece en la calma, pero no es algo de lo que haya que preocuparse. El apego es, de hecho, lo que previene el amor no-auto-céntrico. Si nos apegamos a una persona o cosa, tendemos a ser protectores y posesivos, y así nos volvemos antagonistas hacia otros. Por lo tanto, el desapego y la no-auto-centricidad van juntos. Para desarrollar el amor no-auto-céntrico, debemos renunciar al egoísmo y el apego. Este es el significado de la renuncia en Budismo.

 

La renuncia y la preocupación no-auto-céntrica por otros traen consigo felicidad. La infelicidad se debe a la preocupación por sí mismo y las propias necesidades. Renunciando a las auto-preocupaciones, uno se vuelve feliz. Esta calma e inestabilidad de la mente es lo que se llama samadhi (equilibrio).

 

Despersonalización

 

La etapa final en el desarrollo del camino del Budismo es la despersonalización. Esto es cuando somos capaces de renunciar a lo que ha sido personalizado al ver que no hay nada que podamos llamar ‘nuestro’. Cuando vemos que todo es inestable (anicca), productor-de-ansiedad (dukkha), e impersonal (anatta), somos libres de todo sufrimiento. Esto es porque no hay posesiones o “yo” por el cual preocuparse. Esta despersonalización es lo que hace a un individuo completamente no-auto-céntrico. Cuando esto ocurre uno puede incluso encarar la muerte sin ansiedad. Esta completa libertad de la ansiedad es el propósito del Budismo.

 

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Bhante Punnaji nació en Sri Lanka, donde estudió ciencias modernas, medicina occidental, y psicología. Cuando joven, leyó muchos textos Budistas críticamente y desarrolló un gran aprecio por las enseñanzas del Buda. En sus treintas, decidió convertirse en monje para así practicar seriamente lo que hubo aprendido de los textos. Después de convertirse en monje, ha servido como profesor del Dhamma y Maestro de Meditación en los Estados Unidos y Canadá. Es muy conocido por su presentación clara y precisa del Budismo a estudiantes occidentales